El secreto para diagnosticar antes la endometriosis lleva años escondido en un lugar obvio: tu regla

Dos científicas españolas llevan años estudiando lo que hay en el flujo menstrual. Sus hallazgos podrían cambiar cómo se diagnostica la endometriosis, una enfermedad que afecta a 1 de cada 10 mujeres en el mundo.

marzo 15, 2026 Escrito por Andrea Aznar

Revisado por el equipo de expertas de Bloom, plataforma especializada en salud femenina.

¿Cómo es posible que algo que sale de nuestro cuerpo cada mes no se haya estudiado antes? Esta es una de las preguntas que María Teresa Pérez Zaballos se hizo hace tiempo. Biofísica de formación, con experiencia en Merck y un máster en Bioscience Enterprise por la Universidad de Cambridge, Pérez Zaballos es cofundadora de Endogene.Bio junto a Cristina Fernández Molina, investigadora y responsable de I+D de la compañía. Juntas dirigen esta startup biotecnológica francesa que analiza biomarcadores dentro de la menstruación para desarrollar herramientas de diagnóstico y contribuir al descubrimiento de nuevos tratamientos para enfermedades uterinas, en concreto: la endometriosis.

El problema empieza antes de la consulta

Para entender lo revolucionario del proyecto, hay que entender primero lo que no funciona. La endometriosis tarda una media de 6,6 años en diagnosticarse en todo el mundo. En algunos países de Europa la espera puede ser incluso mayor: en el Reino Unido, el tiempo medio de diagnóstico ha aumentado hasta casi nueve años, con casos de hasta 27 años de retraso. Durante ese tiempo, muchas mujeres escuchan siempre las mismas frases: es estrés, es psicológico, es normal.

La endometriosis es una enfermedad crónica en la que tejido similar al del interior del útero, el endometrio, crece fuera de él: en los ovarios, el intestino, la vejiga, e incluso, en casos extremos, en los pulmones. Ese tejido responde a las hormonas del ciclo, se inflama y genera lesiones. Con el tiempo, puede hacer que los órganos se adhieran entre sí. Afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva y, hasta ahora, el diagnóstico se hacía mediante laparoscopia, una intervención quirúrgica que es costosa y difícil de acceder.

Ese es el punto de partida de Endogene.Bio: ¿y si no hiciera falta pasar por quirófano para saber? La sangre menstrual es una puerta a diagnósticos tempranos y no invasivos; a entender la endometriosis antes de que esté muy avanzada.

Décadas investigando en animales que no menstrúan

Antes de llegar a la solución, hay que entender por qué los avances han tardado tanto tiempo en llegar. Y aquí aparece uno de los fallos más llamativos de la investigación en salud femenina: la mayoría de los estudios preclínicos en enfermedades uterinas se han hecho en ratones. Animales que, biológicamente, no menstrúan.

En uno de los artículos redactados por el equipo de la startup francesa, me llama la atención un dato: de más de 5.500 especies de mamíferos, solo el 1,5% menstrúa. Sin embargo, la mayoría de los estudios preclínicos en salud uterina se hacen en ratones. Suena obvio pero no lo es. ¿Qué se pierde concretamente cuando investigamos enfermedades en un animal cuyo útero no funciona como el nuestro? 

«Se pierde el proceso clave: la decidualización espontánea, que es una variante evolutiva que lleva a la menstruación y tiene una bióloga muy diferente al resto de animales», explica Pérez Zaballos. En los humanos, el endometrio se descama y se regenera cada ciclo menstrual, mientras que en los ratones simplemente se reabsorbe. «Eso cambia completamente la biología del tejido, la respuesta hormonal y cómo se desarrollan enfermedades como la endometriosis.»

La consecuencia directa es que muchos compuestos que funcionan bien en modelos animales no han funcionado en mujeres. «La traslación a clínica en salud uterina ha sido históricamente muy baja», señala. No es un problema menor: es, en parte, la razón por la que llevamos décadas con tratamientos que no han cambiado demasiado.

«La menstruación no era una fuente de información médica»

A ese fallo de modelo se suma otro igual de revelador: años atrás, nadie consideró que el flujo menstrual pudiera ser clínicamente útil. Investigar en salud femenina es, en parte, desafiar las asunciones heredadas, y merece la pena entender si con EndoGene.Bio se han enfrentado a esas verdades que nadie cuestiona. «Constantemente. Durante décadas se asumió que la menstruación no era una fuente de información médica», dice Pérez Zaballos. «Esa idea ha limitado mucho lo que se investigaba.»

Es una de esas asunciones que, formulada en voz alta, resulta difícil de sostener. Cada mes, el cuerpo expulsa tejido vivo del interior del útero. Pérez Zaballos lo describe con precisión: «La sangre menstrual contiene células endometriales vivas, células inmunes y células de la sangre periférica. Es literalmente una biopsia natural del útero que se produce cada mes.»

La sangre menstrual sí se había usado antes en investigación, pero de forma distinta. «Normalmente se analizaba como una muestra única», explica. Su innovación está en el método: aíslan y estudian los distintos tipos celulares por separado y aplican técnicas de última generación para entender cómo se comportan. «Ahí está nuestra innovación: convertir una muestra accesible en una ventana real a la biología del endometrio.»

Lo que estas células del flujo menstrual pueden contar sobre la enfermedad

El enfoque de EndoGene.Bio parte de una idea sobre el origen de la endometriosis: que el propio endometrio tiene alteraciones que contribuyen al inicio de la enfermedad. «Muchas teorías actuales de la endometriosis implican a las menstrual stem cells, células progenitoras del endometrio con gran capacidad de regeneración e implantación. Analizando cómo se comportan estas células podemos entender mejor qué está ocurriendo en el origen de la enfermedad».

A través del tejido analizado, se pueden ver identificar diferentes variantes de la endometriosis. «Estamos observando alteraciones en distintos mecanismos biológicos en diferentes grupos de pacientes, lo que sugiere que la enfermedad no es única y homogénea, sino que probablemente existen varios subtipos biológicos«, explica. Ese es un matiz importante, porque no todas las mujeres con endometriosis tienen la misma afectación ni responderían igual a un mismo tratamiento.

Diagnosticar la endo sin bisturí, antes y con más información

La posibilidad de acceder a información del endometrio sin necesidad de una intervención quirúrgica no es solo una cuestión de comodidad. «Permite estudiar el tejido directamente sin necesidad de una intervención invasiva», señala Pérez Zaballos. «Eso abre la puerta a diagnósticos más tempranos y a entender la enfermedad antes de que esté muy avanzada.»

En ese sentido, hay una novedad clínica relevante: este año, la guía americana de ginecología ha recomendado por fin el diagnóstico por imagen en lugar de cirugía como primera opción, algo que las guías europeas, como la de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), ya recogían antes.

¿Cuándo podría llegar el análisis de sangre menstrual a una consulta? «Ese es nuestro objetivo», dice Pérez Zaballos. «Estamos trabajando en la validación clínica para que este tipo de análisis pueda integrarse en el sistema sanitario como una prueba accesible para las pacientes. Pero eso significa al menos dos o tres años más de trabajo. Es importante hacer todas las validaciones necesarias antes de introducir tests como estos en el mercado.»

Y si avanzamos en el diagnóstico: ¿el tratamiento?

El diagnóstico es solo la mitad del problema. El tratamiento de la endometriosis se ha basado durante décadas en suprimir el ciclo hormonal, principalmente con anticonceptivos o con análogos de GnRH, fármacos que inducen una menopausia artificial temporal. Son opciones que no pueden usarse si se quiere quedar embarazada y que tienen efectos secundarios que muchas mujeres no toleran bien. Según la revista especializada The Lancet, las tasas de recurrencia de la enfermedad tras la cirugía pueden llegar al 50% en cinco años.

Entender la biología real del endometrio, y no solo suprimir el ciclo, podría abrir una vía diferente. «Si entendemos qué alteraciones celulares tiene cada paciente, podemos avanzar hacia terapias más específicas en lugar de suprimir todo el ciclo hormonal de forma generalizada», explica Pérez Zaballos. EndoGene.Bio trabaja ya con la industria farmacéutica en esa dirección. «Uno de los principales frenos hasta ahora ha sido precisamente la falta de modelos humanos adecuados y de información directa del tejido endometrial», señala. «Nuestro objetivo este año es ampliar este tipo de colaboraciones porque trabajar con las farmacéuticas es clave para acelerar este desarrollo.»

El camino es largo, pero la dirección ha cambiado. Y esto depende, también, de quién está en el laboratorio. El equipo de la startup está formado por 14 personas, diez de ellas mujeres.

De izqda a dcha, Sophie Mina, María Teresa Pérez Zaballos y Cristina Fernández Molina, de EndoGene.Bio

No es un dato menor. «Entiendes dónde está el mayor problema y puedes priorizar para que las soluciones que desarrolles respondan a lo que las pacientes y los médicos más necesitan», explica María Teresa Pérez Zaballos. «Escuchar te lleva a generar nuevas hipótesis que de otra forma se te pasarían, porque están basadas en anécdotas que se repiten en muchas pacientes.» No es casualidad que estén desafiando las bases, la ratio en su equipo de investigación también se cumple. Más de una tiene endometriosis, y más allá de la anécdota, a veces, el mayor impulso para investigar una enfermedad es vivirla bien cerca.

¿Te ha gustado este post?

¡Queremos saberlo!