David González, psicólogo especialista en fertilidad: «La información prepara, pero es el acompañamiento el que sostiene»

¿Cuánta más información, más tranquilidad? No necesariamente. En los tratamientos de fertilidad, contar con información y un buen acompañamiento puede marcar la diferencia.

septiembre 29, 2026 Escrito por Sara G. Pacho

Licenciada en Sociología por la Universidad de Salamanca y en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid.

Revisado por el equipo de expertas de Bloom, plataforma especializada en salud femenina.

Contenido ofrecido por Bloom en colaboración con Ginemed

Seguramente nunca haya habido tanta información a nuestro alcance sobre fertilidad. Protocolos explicados paso a paso, tasas de éxito, investigaciones clínicas, las típicas cuentas de Instagram que prometen desvelar “lo que los médicos no te dicen” … Y, aun así, muchas mujeres salen de la primera consulta sobre un posible tratamiento de fertilidad con mucha confusión. Podrían aprobar un examen sobre embriología y, sin embargo, no saben cómo se van a sentir durante el proceso. Y eso asusta. 

Y es que tener información es fundamental, pero no es lo mismo que sentirse preparada para lo que viene. Puedes haber aprendido qué es una estimulación ovárica, cuántos días dura una betaespera o qué significa que un embrión tenga una calidad A o C, y aun así no tener ni idea de qué vas a sentir la primera vez que te pinches en el baño de tu casa. La teoría ayuda, pero no lo es todo. Al menos no en esto.  

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En un tratamiento de reproducción asistida puedes tener controlados los protocolos, las tasas de éxito, los estudios. Y, aun así, nada de eso elimina la incertidumbre de vivirlo en primera persona.

Un diagnóstico que da pie a mil preguntas

Irene y su pareja llevaban casi dos años buscando un embarazo cuando decidieron hacerse las pruebas que confirmarían su temor: les dijeron que de manera natural sería prácticamente imposible conseguirlo. “Fue un shock, pero también un alivio –recuerda–. Por fin sabíamos qué pasaba y podíamos ponerle solución”. Así arrancó su proceso: citas, pinchazos, pastillas, un paso detrás de otro. Y la búsqueda de información.  

Como le pasa a cualquiera que se encuentra con más preguntas que respuestas, Irene hizo lo más natural: buscar en internet. Ahí encontró de todo, pero no siempre lo que necesitaba. Hasta el 56% del contenido sobre fertilidad que circula en redes sociales lo publican perfiles sin formación médica (Human Reproduction & Social Media, 2025). Una busca tranquilidad, y sale con un montón de datos dispersos incomprensibles. Fue entonces cuando recurrió a lo que de verdad le funcionó: hablar con alguien que ya hubiera pasado por eso. Una de sus amigas fue quien más supo transmitirle lo que iba a ir pasando y aportarle tranquilidad. 

Ese es, precisamente, el reto que describe María José Martínez-Cañavate, ginecóloga especialista en fertilidad y reproducción asistida y directora de Ginemed y Ginefiv Madrid: “A veces mucha información es desinformación cuando no sabes explicarla bien. Necesitan que se la ordenes, que se la plasmes en tiempos y etapas, que sepan cuál es cada paso en cada momento y, sobre todo, qué implicaciones tiene el tratamiento para su vida —no solo su proyecto reproductivo, también su proyecto de vida: su pareja o no pareja, si es madre soltera, su vida laboral, familiar, social.” 

Hay pacientes que necesitan mucha información y muchos datos porque si no, no entienden el tratamiento y no generan confianza o vínculo contigo. Y otros pacientes que con datos tan específicos se aturullan y se bloquean, y lo que necesitan es más un acompañamiento emocional, darles seguridad de que esto va a salir bien.

María José Martínez-Cañavate, ginecóloga

Ya sea por exceso de datos a veces disparatados o por falta de una explicación prudente y razonada, el problema de fondo con el que es habitual toparse es la confusión de quien empieza un tratamiento de reproducción asistida. No es solo una sensación: entre el 25% y el 65% de quienes inician este tipo de tratamientos presenta algún síntoma psicológico significativo, según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). David González Gerpe, responsable de Psicología de Ginemed y Ginefiv, apunta a una de las razones: “la gran cantidad de información médica nueva que aparece en este momento puede saturar la mente, provocando dificultades para tomar decisiones”. Y ahí es donde aparece la diferencia entre informar y acompañar: no basta con que la información exista, sino que alguien ayude a digerirla al ritmo de cada paciente. 

La toma de decisiones, mejor acompañada

Para Irene, uno de los momentos más complicados no fue el de tomar una decisión u otra, sino esa incertidumbre mantenida en el tiempo, el no saber si las cosas iban bien o no a medida que avanzaba el tratamiento: “cuando me estaba pinchando, los óvulos me iban creciendo pero no sabía si lo estaban haciendo bien o mal. No sabía nada de lo que estaba pasando”. Es una sensación con la que se encuentran muchas mujeres en algún momento del proceso: necesitar más certezas de las que llegan en un momento tan esperanzador como delicado.  

Esa certeza, según María José Martínez-Cañavate, no depende solo de tener datos, sino de que alguien los sitúe en el momento exacto que se está viviendo: “es fundamental que [la paciente] esté bien informada, con información real sobre su caso, sea positiva o negativa. Solo cuando la sitúas en su momento particular es capaz de tomar decisiones informadas con su equipo y su médico”. Y el efecto, dice, va mucho más allá de la tranquilidad puntual: “cuando entiende el porqué de cada paso, cambia todo: cambia la vivencia del tratamiento, baja el estado de ansiedad, baja la incertidumbre, aumenta la confianza en el equipo, aumenta el vínculo con el médico, y todo eso favorece que el tratamiento tenga mejor pronóstico en general”. 

Hay países que han convertido este tipo de acompañamiento en un derecho garantizado, como es el caso de Reino Unido. En España, según la directora de Ginemed, el camino va precisamente en esa dirección: “el modelo de paciente y de tratamiento de reproducción va hacia un modelo de clínicas que informa acompañando de cerca al paciente, organizando toda esa información y ayudándole emocionalmente a afrontarlo con las mejores herramientas”, explica. Para eso, es fundamental, según la doctora, contar con equipos estables para que “la paciente sepa que tiene un médico de referencia, un equipo de enfermería con el que siempre va a interaccionar, una coordinadora que la acompañe en toda la parte administrativa del tratamiento. (…) La formación de todos los departamentos –incluidos los biólogos, que también hablan con los pacientes– en nuestras clínicas lo encaminamos hacia esto: el acercamiento, el acompañamiento y cuidado emocional del paciente”.   

Esa cercanía se vuelve todavía más necesaria cuando el proceso no encaja en un protocolo estándar. En Ginemed también acompañan casos que van más allá de lo convencional, como el de Verónica Sánchez, conocida como @oh.mamiblue, madre de dos hijos junto a su pareja gracias al método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja), una técnica que permite a dos mujeres compartir biológicamente la maternidad.  

→ Puedes escuchar su historia completa en el episodio “Maternidad compartida: cuando te hablan claro, marcan la diferencia”, de nuestro podcast Escuela de Calor, en el que también participó el Dr. Juan Manuel Jiménez, director de Ginemed Sevilla y especialista en reproducción asistida y casos de alta complejidad, que las acompañó durante el proceso. 

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Hay que ayudar a las pacientes a separar la gestión del miedo de la evaluación de la información médica y esto no siempre es fácil. No tomar decisiones de forma precipitada, esperar unos días para procesar toda la información sin la presión emocional del momento, generar un clima de confianza en los profesionales que están llevando a cabo el tratamiento, evaluar los pros y los contras de las diferentes decisiones que se pueden tomar, establecer los límites previos y ofrecer porcentajes reales de éxito frente a costes económicos y físicos, dejando de lado los testimonios de foros o internet.

David González Gerpe, responsable de Psicología
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Betaespera: la cuenta atrás que se lleva mejor en compañía

La fase de la betaespera es esa ventana que permanece abierta unos 10 o 12 días, que es el tiempo que transcurre entre la transferencia embrionaria y el análisis de sangre que mide los niveles de hormona beta-hCG (de ahí el nombre) que determina si se ha producido el deseado embarazo. Es, sin duda, uno de los picos de incertidumbre del proceso. En esos momentos, Irene menciona de nuevo la importancia de contar con una red: “me apoyé mucho en amigas que habían pasado por todo esto, me ayudaron a despejar dudas y a acompañarme”. Tan importante le pareció ese sostén que hoy es ella quien comparte sus conocimientos y experiencia con otras amigas que están pasando por lo mismo. 

Una estructura más o menos cerrada no va a sustituir jamás a una red de amigas, pero quienes están al otro lado de esta betaespera, es decir, el personal sanitario, no puede obviar que este momento se vive con mucha ansiedad. González Gerpe es consciente de que el objetivo de ofrecer un apoyo psicológico durante los 10-12 días que transcurren entre la transferencia y el resultado no es eliminar la ansiedad, “es imposible”, sino “desactivar el estado de alerta constante del sistema nervioso, normalizar la montaña rusa emocional y el miedo a la beta negativa”. Para ello, menciona algunos de los recursos más habituales: 

  • Validación del miedo. Aceptar que es normal sentir miedo.

  • Eliminar el pensamiento mágico. Desvincular las emociones negativas de resultado. Estar triste o asustada no implica que vaya a salir mal.

  • Frenar la hipervigilancia. Desmitificar los síntomas corporales. No existen indicadores físicos fiables de éxito o fracaso reproductivo.

  • Tiempo para preocuparse. Delimitar el tiempo a un momento único al día que se dedica a preocuparse por el resultado. El resto del día se posponen esos pensamientos hasta que llegue ese momento.  

  • Restricción digital. Prohibición de entrar en foros de maternidad o reproductivos buscando síntomas. La sobreinformación enciende rápidamente el sistema de alarma.  

  • Planificación de actividades distractoras con tareas que requieran concentración para secuestrar la atención del cerebro.

Ahora bien: hay una pregunta que rara vez encontramos en los contenidos sobre fertilidad: qué cambia cuando no es el primer ciclo fallido. El psicólogo explica que el dolor deja de ser agudo y sorpresivo para volverse crónico y desgastante, lo que se suma a la sensación de que el tiempo, el dinero y la energía se agotan. En consulta, el trabajo cambia entonces de enfoque: se hace necesario separar el pasado del presente, devolver el foco a lo que sí se puede controlar y, si los resultados negativos se repiten, empezar a hablar abiertamente de otras alternativas. 

Este desgaste no solo afecta a quien empieza el tratamiento, sino que es una de las principales causas de distancia y aislamiento en la pareja: cada miembro suele vivir el proceso a un ritmo y con una intensidad emocional distinta, lo que puede generar malentendidos y silencios que pueden llegar a interpretarse como falta de interés, por lo que, si hace falta, la pareja puede también formar parte de las sesiones de terapia. 

La salud mental también forma parte de esto

“Si lo llego a saber, lo hubiera hecho antes”, dice Irene ahora, con su hija ya en brazos. Tuvieron suerte: salió bien a la primera. Sin embargo, eso no anula algunos de los sentimientos que tuvo durante el proceso: “estás en un momento muy vulnerable, con muchos miedos, con mucha culpabilidad, hormonada… Cualquier cosa que en otra situación no te haría daño, te lo hace”. Tiene claro lo que no puede faltar en ningún proceso de reproducción asistida: más información, más acompañamiento, más cercanía. Es lo que la Dra. Martínez-Cañavate describe como el gran cambio de los últimos veinte años en su propia práctica clínica. Antes, cuenta, las funciones estaban mucho más parceladas, mientras que hoy los equipos están integrados. “Se ha visto la importancia de la estabilidad, de que la paciente sepa quién es su persona de contacto”, señala. No es que antes no se cuidara a las personas, es que la propia idea de cuidado ha evolucionado. 

Y esa evolución, dice, tiene una filosofía clara detrás: “el acompañamiento tiene que ser integral y responde a una labor de coordinación muy trabajada de todo el equipo. Esto es en lo que estamos trabajando en nuestras clínicas”. De hecho, es precisamente esta visión integral, en la que todos los profesionales trabajan de forma coordinada para acompañar al paciente durante todo el proceso, la que caracteriza a sus equipos. 

Esa sensibilidad y vocación de acompañamiento son las que han llevado a Ginemed y Ginefiv a unirse, permitiendo sumar la experiencia y el conocimiento de ambos equipos para para seguir guiando a sus pacientes con la cercanía, el compromiso y la atención psicológica que siempre han estado presentes en su visión y con el propósito de seguir siendo un referente en fertilidad y reproducción asistida. 

El responsable de psicología añade algo que rara vez se dice en voz alta: la falta de validación social del duelo gestacional y de la infertilidad, la ausencia de conciliación laboral real para quienes atraviesan un tratamiento, y la necesidad de desmontar la idea de que solo el éxito reproductivo puede considerarse un buen resultado: “el éxito también puede ser saber parar a tiempo, cuidar de la propia salud mental o de la pareja, contemplar otras opciones de familia, o enfocarse hacia una vida sin hijos en paz”, concluye. 

Hay algo que los datos confirman sin matices: la carga psicológica es el motivo número uno de abandono de los tratamientos de reproducción asistida, por delante incluso de lo económico o lo médico. “El cuerpo aguanta más que la mente”, señala. Entre sus propuestas para frenar ese abandono estarían normalizar los descansos terapéuticos entre ciclos sin que la paciente sienta que “está perdiendo el tiempo”, ofrecer expectativas realistas con datos personalizados (no genéricos) y fomentar grupos de apoyo entre pacientes. 

Al preguntarle por un consejo para quienes se encuentran inmersas en un proceso de este tipo (o se lo están planteando), González Gerpe anima a sacar la culpa de la ecuación: “ponte un límite flexible. Tener una línea roja y un fin marcado aporta paz. Y busca ayuda profesional especializada, no esperes a estar al límite”. 

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