La Agencia Española de Nutrición publica un informe sobre menopausia. El problema: parte de datos de hombres

Otra vez la ciencia nos explica nuestro cuerpo con datos del suyo. Esta vez hablamos con una nutricionista para saber qué hacer al respecto.

agosto 26, 2026 Escrito por Sara G. Pacho

Licenciada en Sociología por la Universidad de Salamanca y en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid.

Revisado por el equipo de expertas de Bloom, plataforma especializada en salud femenina.

Que la ciencia médica lleve décadas usando el cuerpo masculino como el «estándar» y el nuestro como una variación con ruido estadístico no es ninguna novedad por aquí (si nos sigues, ya sabes que es uno de los temas que nos indigna recurrentemente), pero esta semana el ejemplo nos lo ha puesto en bandeja nada menos que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). En abril publicaron un informe sobre alimentación en la menopausia. Nada extraordinario hasta que varias científicas de la AMIT (Asociación Española de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas) han destapado que las recomendaciones de ingesta de hierro y vitamina C salen de estudios hechos exclusivamente en hombres. Como lo lees. No sabemos si reírnos o llorar.

Mujer adulta pensativa

Qué ha pasado exactamente

El documento publicado hace unos meses recoge información sobre los riesgos nutricionales de las mujeres durante la perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia, entre los que se encuentran valores de ingesta de hierro y vitamina C. Sonia de Pascual-Teresa, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC), fue la primera en detectar que los datos recogidos no corresponden en ningún caso a mujeres, tal y como recoge esta información de eldiario.es. Pascual-Teresa rastreó el origen de esos datos hasta dar con dos dictámenes de la EFSA (uno sobre hierro, otro sobre vitamina C). En ambos casos se avisa de la falta de mujeres en la muestra, por lo que los datos son extrapolaciones matemáticas. Sin embargo, AESAN presentó esos mismos números en abril como si fueran específicos para mujeres mayores de 40 años. Sin la nota a pie de página. Sin matices. Sin vergüenza ninguna.

Tras la denuncia (y varios meses sin respuesta satisfactoria, según AMIT), la agencia estatal ha reconocido el fallo y anuncia una nota aclaratoria para la primera semana de septiembre.

Investigación en mujeres

Por qué esto no es un caso aislado (es el patrón)

Lo llamativo no es solo que pase, es que se trata de un sesgo androcéntrico dentro de un área de estudio que es, por definición, exclusivamente femenina. Si ya de por sí la mujer suele quedar fuera de los ensayos clínicos, que ocurra en un informe sobre menopausia es la ironía definitiva. Que quien lo publique sea un organismo público es más grave aún, ya que este tipo de informes oficiales son los que marcan lo que médicos, industria y medios de comunicación entienden como demostrado científicamente. Si ese punto de partida está mal calibrado, el error se replica en cascada.

Y esto no se queda en la menopausia ni en la nutrición. Un patrón parecido aparece, por ejemplo, en el Párkinson: a día de hoy no existe una guía clínica específica para mujeres, a pesar de que varios estudios apuntan a que la enfermedad se presenta, avanza y responde a los tratamientos de forma distinta según el sexo. La ciencia médica lleva décadas construida sobre un cuerpo por defecto y ese cuerpo, sistemáticamente, no es el nuestro.

Vale, ¿y ahora qué?

Esto es lo que de verdad nos importa: más allá del titular indignante, ¿qué hace una mujer de 45-50 años con esta información? ¿Ignora todas las recomendaciones oficiales de nutrientes? ¿Sigue tomando su suplemento de hierro? ¿A quién le pregunta? Nosotras le hemos planteado este tema a Sofía Giaquinta, dietista-nutricionista y colaboradora habitual de Bloom (nº Col.: AND-01121). «Está claro que con el descenso de estrógenos aumenta el riesgo de pérdida de masa ósea, por lo que cobran importancia el calcio, la vitamina D y una ingesta suficiente de proteína para preservar hueso y masa muscular», explica. Algo similar sucede con el hierro: al dejar de tener la regla, las necesidades cambian. Ahora bien, «no existe evidencia sólida de que todas las mujeres en menopausia necesiten suplementos de magnesio, omega-3, colágeno, antioxidantes o vitaminas del grupo B», señala, sino que conviene hacer una valoración individual de cada caso.

Suplementación

Es fácil dejarse engatusar por perfiles que prometen una menopausia sin dramas a base de gastar dinero en suplementos, pero en muchos casos no servirán de nada. Hay productos muy populares a base de extractos vegetales, vitaminas o mezclas que se comercializan específicamente para tratar los síntomas de esta etapa, pero ojo: The Menopause Society, la organización estadounidense de referencia en salud de la menopausia (antes conocida como NAMS), revisó en 2023 la evidencia disponible sobre suplementos y preparados herbales y concluyó que, en conjunto, la evidencia era insuficiente o inconsistente para recomendarlos, según nos cuenta Giaquinta.

¿Por qué seguimos comprando aunque no funcione?

Si la evidencia sobre estos suplementos es tan floja, ¿por qué el menopause complex de turno sigue arrasando? La nutricionista sostiene que, más que un problema de falta de información, se trata de quién está hablando más alto. Nos remite a un análisis reciente de 1.000 publicaciones sobre menopausia en Instagram en el que se encontró una presencia masiva de publicidad de suplementos frente a una participación bastante escasa de profesionales sanitarios acreditados. Traducido: el altavoz más grande no es el que tiene más razón, es el que tiene más presupuesto de ads.

Los suplementos pueden ser útiles cuando existe una indicación concreta, por ejemplo un déficit de vitamina D diagnosticado o una ingesta de calcio insuficiente que no se consigue cubrir con alimentación. Otra cosa es asumir que toda mujer en menopausia necesita suplementarse.

Sofía Giaquinta, dietista-nutricionista

EFSA acostumbra a extrapolar datos, según nos cuenta Giaquinta. En los dictámenes que detectó Pascual-Teresa, la agencia admite no contar con datos reales específicos suficientes, por lo que hace una extrapolación de los obtenidos en hombres. Esto ya nos alarma, pero vayamos un poco más allá: quizá el problema no sea la decisión metodológica de hacer estimaciones, sino lo que sucede con ellas a partir de ahí. En su viaje de informe en informe, de noticia en noticia, estas extrapolaciones acaban perdiendo su naturaleza y tomándose como datos establecidos. Sí, como el teléfono escacharrado pero con nuestros cuerpos en juego.

Y no, no es algo extraordinario. Esta lógica es desgraciadamente habitual. Este artículo de 2021 publicado en ‘Proceedings of the Nutrition Society‘ sobre diferencias de sexo en los requerimientos de micronutrientes explica que, para muchos nutrientes, los valores de referencia se calculan ajustando por tamaño corporal o ingesta energética en lugar de partir de datos propios de cada sexo, un atajo metodológico que lleva años dejando sin resolver diferencias más sutiles entre hombres y mujeres.

Mujer adulta bebe un té

La comida como examen permanente

Pero esto no queda aquí. La alimentación sigue siendo una especie de examen constante para las mujeres: comer para controlar la glucosa, el cortisol, la microbiota, la inflamación, las hormonas, el peso, los huesos y el corazón. Todo a la vez. Giaquinta comenta que la literatura sobre ortorexia nerviosa (obsesión patológica por comer de manera saludable) lleva tiempo describiendo justo este mecanismo: la búsqueda de una alimentación «perfecta» o extremadamente saludable puede terminar en rigidez, ansiedad y una peor relación con la comida. No, claro que la información por sí sola no genera un TCA, pero «deberíamos ser muy cuidadosas con mensajes basados en el miedo, las prohibiciones y el control permanente», advierte.

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Ocurre sobre una población que ya ha estado sometida durante décadas a mucha presión estética. En la menopausia aparece con frecuencia un nuevo mandato: evitar a toda costa cualquier cambio corporal asociado a esta etapa.

Sofía Giaquinta, dietista-nutricionista
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Alimentación saludable

Tres gestos nutricionales con respaldo real para la menopausia

Nada de hackear la menopausia. Nuestra nutri de referencia nos da tres indicaciones que sí cuentan con evidencia real, lejos de la industria wellness y de la publicidad vacía de evidencia:

  1. Comer suficiente y con regularidad.

    Después de décadas de dietas y restricciones, cubrir bien las necesidades energéticas sigue siendo más importante que cualquier estrategia sofisticada.

  2. Proteína, calcio y vitamina D valorados de forma individual

    Por su papel en masa muscular y salud ósea, pero eso no equivale a suplementar por sistema: primero las fuentes alimentarias, salvo que una analítica diga lo contrario.

  3. Cuidar el patrón alimentario global.

    No el nutriente aislado: legumbres, fruta y verdura, cereales, frutos secos, aceite de oliva, pescado si se consume, lácteos u otras fuentes de calcio, proteína variada.

La evidencia respalda mucho más esto (aburrido, sostenible, de toda la vida) que cualquier intento de «arreglar» la menopausia a base de frascos.

Escrito por Andrea Aznar. Revisado por el equipo de expertas de Bloom.

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