Los péptidos no son nuevos. Lo nuevo es que estén en tu feed

Por qué se han puesto de moda y qué hay detrás de tres de los que más circulan en redes

septiembre 25, 2026 Escrito por Sara G. Pacho

Licenciada en Sociología por la Universidad de Salamanca y en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid.

Revisado por el equipo de expertas de Bloom, plataforma especializada en salud femenina.

Están en sérums y cremas hidratantes, pero también en algunos de los medicamentos que han revolucionado la industria farmacéutica, como el Ozempic. Los péptidos han pasado del laboratorio al neceser y a la farmacia. La pregunta ya no es si están de moda (que sí), sino qué significa realmente que un producto los contenga.

Te habrás dado cuenta que no siempre ves este término asociado a lo mismo: quizá has visto algunos vídeos que los señalan como clave para la pérdida de peso, otros que hablan de que son el ingrediente indispensable para nutrir la piel, y en otros que valen hasta para el tratamiento de lesiones. ¿Son los péptidos capaces de hacer todo esto? La respuesta corta es que “péptido” es una categoría demasiado amplia como para que la respuesta pueda ser sí o no.

Para aclarar este lío y no dejarnos llevar por los trends de turno, hemos recurrido a la Dra. Celia García-Atucha, médica estética especializada en medicina estética y regenerativa, para que nos ilustre sobre estos ingredientes que, sin ser nada nuevo,  parecen haber llegado para quedarse. 

¿Qué son los péptidos?

Hay palabras que llevan décadas viviendo tranquilas en los manuales de bioquímica y, de repente, un día se hacen famosas. Es lo que le ha pasado a «péptido», que ahora aparece en noticias, perfiles de wellness y en esas sobremesas donde nos convertimos en embajadoras de lo que a cada una nos funciona. 

Un péptido es, básicamente, una cadena corta de aminoácidos. Nuestro organismo produce una enorme variedad de ellos y muchos cumplen funciones biológicas muy específicas, actuando, por ejemplo, como hormonas, neurotransmisores o señales celulares que intervienen en procesos como el metabolismo, el apetito, la inflamación o la pigmentación.

Dra. Celia García-Atucha, especialista en medicina estética y regenerativa

Sí, has entendido bien. Tú querías comprarlos todos y resulta que tu cuerpo lleva toda la vida fabricándolos sin que te dieras cuenta. La oxitocina es un péptido. Y las endorfinas. Vamos, que no son nada nuevo. Lo nuevo es que han saltado del laboratorio a Instagram y TikTok.

Y aquí es donde empieza el lío: decir “péptido” es como decir “mamífero”. Técnicamente es correcto, pero no aclara si estamos hablando de un hámster o de una ballena. Dentro de esta gran familia hay moléculas con funciones muy diferentes. Algunas forman parte de procesos naturales de nuestro organismo; otras se han convertido en medicamentos; otras se investigan para posibles aplicaciones terapéuticas; y otras forman parte de productos cosméticos.

No es una distinción menor. Comparten nombre, pero no necesariamente función, vía de administración, evidencia científica ni estatus legal.

De Ozempic a tu sérum

Buena parte de la nueva fama de los péptidos tiene nombre propio: Ozempic y “su primo” Mounjaro. La semaglutida, principio activo de Ozempic y Wegovy, actúa sobre el receptor de GLP-1. La tirzepatida, presente en Mounjaro y Zepbound, actúa sobre los receptores de GLP-1 y GIP. Son medicamentos desarrollados para intervenir sobre procesos metabólicos concretos y se utilizan bajo prescripción médica.

El éxito de estos tratamientos ha conseguido que una palabra que hasta hace poco sonaba a laboratorio empiece a sonar a promesa. Y cuando esto salta a internet, ya sabemos lo que pasa.

Los péptidos han empezado a aparecer asociados a prácticamente cualquier cosa que tenga que ver con mejorar el cuerpo: adelgazar, ganar músculo, recuperarse de una lesión, dormir mejor, envejecer más despacio, mejorar la piel o ponerse morena.

La cosmética tampoco se ha quedado fuera. Existen decenas de péptidos utilizados en productos para el cuidado de la piel, con funciones propuestas que van desde la señalización relacionada con la producción de colágeno hasta la modulación de la pigmentación o la actividad antioxidante. No todos tienen la misma evidencia, por supuesto. 

Así que sí: hay péptidos en las hidratantes y en los medicamentos. Y no son intercambiables.

¿Por qué han saltado a la fama?

Tienen una característica especialmente seductora para nuestra época: pueden actuar como mensajeros. Algunos péptidos naturales participan en la comunicación entre células y en la regulación de procesos fisiológicos. La investigación farmacológica ha aprendido a diseñar moléculas que imitan o modifican algunas de esas señales. Y la cosmética lleva años explorando péptidos que puedan interactuar con procesos relacionados con la piel.

Es una idea muy potente, pero las ideas en ciencia tienen que avalarse. Y aquí encontramos uno de los principales problemas: que se pueda comprar por internet no significa, desgraciadamente, que sea seguro o que funcione.  De hecho, una de las características de este nuevo mercado es que algunos péptidos experimentales se venden directamente al consumidor con etiquetas como “solo para investigación”, pero que no impiden que los compre “cualquiera”. 

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Algunos péptidos son medicamentos autorizados, otros son ingredientes cosméticos, otros siguen siendo experimentales y otros se comercializan sin haber demostrado de forma suficiente su seguridad o eficacia. No todo lo que lleva la palabra péptido merece el mismo grado de confianza.

Un apunte para no meter todo en el mismo saco: la semaglutida y la tirzepatida son principios activos de medicamentos autorizados y sujetos a prescripción. Los péptidos presentes en algunas cremas y sérums cosméticos pertenecen a otra categoría de productos y se rigen por otro marco regulatorio.

Los más virales

Con ayuda de la Dra. Atucha, nos hemos propuesto poner tres de los péptidos más buscados bajo el microscopio. Uno para adelgazar. Otro para las lesiones. Otro para ponerse morena. Tres promesas muy distintas y una misma pregunta: ¿qué hay realmente detrás?

Retatrutida (Reta): el de quiero adelgazar

  • Qué es:

    Un fármaco experimental desarrollado por Eli Lilly que actúa simultáneamente sobre tres receptores: GLP-1, GIP y glucagón. De ahí su apodo de “triple agonista”. En otras palabras, una sola molécula intenta activar tres vías metabólicas diferentes.

  • Qué promete:

    Se está desarrollando para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso asociado a problemas de salud. Y aquí la palabra importante es desarrollando: no es todavía un medicamento autorizado.

  • Formato:

    Se estudia como inyección subcutánea semanal.

  • Evidencia:

    Los resultados están haciendo que sea uno de los nombres más observados de la nueva generación de tratamientos para la obesidad. En el ensayo de fase 2, los participantes que recibieron 12 mg perdieron de media un 24,2 % de su peso corporal a las 48 semanas. En mayo de 2026, Lilly comunicó los resultados principales de TRIUMPH-1, un ensayo de fase 3, con una pérdida media del 28,3 % a las 80 semanas con la dosis de 12 mg y del 19 % con 4 mg. Son resultados comunicados por la compañía y el desarrollo continúa dentro del proceso regulatorio.

  • Letra pequeña:

    Como ocurre con otros fármacos de esta familia, los efectos adversos más frecuentes son gastrointestinales, entre ellos náuseas, diarrea, vómitos y estreñimiento

  • Estado legal:

    Sigue siendo un medicamento en investigación. No está aprobado para su comercialización como tratamiento y, por tanto, los productos que se venden por internet como “retatrutida” son falsificaciones.

BPC-157: el de las lesiones

  • Qué es:

    Un péptido sintético que se ha investigado principalmente en modelos preclínicos por su posible papel en procesos relacionados con la reparación de tejidos y la inflamación.

  • Qué promete:

    En redes se presenta como una especie de comodín para recuperarse de lesiones, especialmente en tendones y músculos. Su popularidad ha crecido especialmente en determinados entornos deportivos y de biohacking.

  • Formato:

    Se ofrece en internet en formatos muy diversos, desde inyecciones hasta preparados orales, aerosoles nasales o productos tópicos.

  • Evidencia:

    Los resultados preclínicos pueden resultar interesantes, pero la evidencia clínica en humanos sigue siendo muy limitada. En 2026, la FDA evaluó BPC-157 entre las sustancias propuestas para su posible inclusión en la lista de sustancias a granel que pueden utilizarse en determinados medicamentos preparados en farmacia, pero eso no equivale a una aprobación del péptido como tratamiento.

  • Estado legal:

    No es un medicamento aprobado por la FDA. Y que una sustancia sea objeto de debate regulatorio no significa que haya demostrado que funciona.

piernas en la sombra

Melanotan II: el de ponerse morena

  • Qué es:

    Es un péptido sintético que imita la acción de determinadas moléculas del sistema de melanocortinas y estimula la producción de melanina. De ahí su principal atractivo: conseguir una piel más oscura sin necesidad de exponerse al sol.

  • Qué promete:

    Tener una piel bronceada sin tener que pasar horas bajo el sol vuelta y vuelta.

  • Formato:

    Se comercializa ilegalmente en formatos como inyecciones y aerosoles nasales.

  • Evidencia:

    No existen datos suficientes de seguridad a largo plazo que permitan considerarlo un tratamiento cosmético aceptable. La agencia reguladora australiana TGA ha advertido específicamente sobre productos con este péptido y señala posibles efectos adversos como aumento de lunares y pecas, alteraciones renales y edema cerebral, además de considerar especialmente preocupante el posible riesgo de cáncer de piel.

  • Letra pequeña:

    No es selectivo. Vamos, que no se queda en la piel: activa varios receptores de melanocortina que intervienen en funciones como el apetito, la excitación sexual y la regulación de la presión arterial. Traducción: puede provocar erecciones espontáneas y estimulación sexual.

Péptidos: ¿los amamos o los odiamos?

Ni una cosa ni la otra. O, mejor dicho, depende del péptido. Después de todo este viaje, quizá lo más sensato sea desconfiar un poco de una palabra que se ha convertido en reclamo. Porque «péptido» nos puede sonar muy científico y, sin embargo, es un término que por sí solo no nos dice prácticamente nada sobre lo que tenemos delante.

Puede ser el principio activo de un medicamento sometido a años de investigación. Puede ser un ingrediente cosmético cuya eficacia depende de la molécula concreta, la formulación y la evidencia disponible. Puede ser una sustancia experimental con resultados prometedores en animales y muy pocos datos en humanos. Por eso, quizá las preguntas interesantes no sean si los péptidos son el nuevo milagro o la nueva amenaza, sino otras para qué está autorizado exactamente aquello que nos están vendiendo y para qué se anuncia, si hay ensayos en humanos y testimonios, quién lo prescribe, quién lo fabrica, qué controles ha pasado.

No hace falta demonizar los péptidos. Tampoco convertirlos en la respuesta a todos nuestros problemas, que sería una responsabilidad bastante excesiva para una cadena de aminoácidos. Quizá el punto ni siquiera sea dar con el péptido capaz de dominar la galaxia, sino, simplemente, aprender a distinguir lo que tiene eficacia probada y lo que no deja de ser puro marketing.

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