Todo sobre el SIBO: una patología que afecta a nuestro sistema intestinal (y no siempre es fácil de diagnosticar)

Conocer las causas es fundamental para conseguir mejorar los síntomas. Hacemos zoom al sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado

September 19, 2022 por Sara G. Pacho

Editora en Bloom. Feminista, gatuna y yoguini.

Igual no has escuchado nunca hablar del SIBO y, sin embargo, al leer los síntomas empieces a pensar que tú también lo padeces. Y es que sabemos que se trata de una afección que cada vez despierta más interés, entre otros motivos, porque a las mujeres nos afecta de manera más significativa. En cualquier caso: no worries! Se trata de un problema que, bien diagnosticado y abordado, tiene tratamiento. 

Atenta a la completa radiografía que hemos preparado sobre el SIBO de la mano de la coach nutricional y colaboradora de Bloom, Cristina Barrous.

Síntomas del SIBO: señales para detectarlo

Lo primero de todo: ¿qué significa SIBO? Se trata de un acrónimo que hace referencia -en inglés- al sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Partimos de la base de que, cuando todo funciona como tiene que funcionar, los microorganismos que tenemos en nuestro sistema digestivo y, más concretamente en el intestino delgado, están totalmente equilibrados y cumplen con su faena.

Si estos microorganismos se desequilibran, se produce lo que se conoce como disbiosis, que puede ser puntual o patológica. El SIBO es un tipo de disbiosis.

¿Cómo se manifiesta este síndrome? Según Barrous, tiene dos síntomas principales: diarrea o estreñimiento, aunque es más común este segundo. ¿Te despiertas con el vientre plano y a lo largo del día se va hinchando hasta llegar a la noche con una barriga que no reconoces como tuya? Este tipo de hinchazón, que va aumentando a lo largo del día, podría alertar también de un posible SIBO. Igualmente, es común tener muchos gases o sentir somnolencia y dolor de cabeza después de comer. 

sibo diagnostico

SIBO y ansiedad, ¿tienen relación?

Las manifestaciones de la ansiedad son de lo más variado y está íntimamente relacionada con la salud de nuestro sistema digestivo. Y al revés: el SIBO también puede acabar generando problemas de estrés y de ansiedad. Según Cristina Barrous, en ocasiones ese desequilibrio tiene impacto en el sistema nervioso central y eso se traduce en problemas para gestionar el estrés, por ejemplo. Entonces, estamos ante un típico caso de pescadilla que se muerde la cola: ¿es el estrés lo que me genera esas sensaciones, como la hinchazón, o es al revés? Muchas veces es difícil distinguir. 

Además, el SIBO puede provocar también “problemas de desnutrición”, como apunta Barrous. Esto es porque el intestino se vuelve permeable y, en lugar de expulsar solo aquello que no necesita -como agentes patógenos-, empieza a liberar también nutrientes y vitaminas. Algo que debemos tomarnos en serio, efectivamente.

ansiedad sibo

La gran pregunta: por qué se produce el SIBO

  • Una mala alimentación

    Es una causa muy común: consumir muchos productos ultraprocesados o haberlo hecho durante una etapa de la vida, como la adolescencia, puede acabar provocando esta patología.

  • Hipoclorhidria (falta de ácido clorhídrico)

    Otra razón que se repite: produce ardor o reflujo y también está muy relacionada con la alimentación. En este caso, el origen estaría en el estómago.

  • Infección por helicobacter pylori

    Es una bacteria que crece en la capa mucosa del estómago.

  • Estrés

    Un viejo conocido que no suele traer cosas buenas y que, como decíamos más arriba, está íntimamente relacionado con nuestra salud digestiva.

  • Consumo excesivo de antibióticos

    Si bien son necesarios para frenar las infecciones, una pauta excesiva puede dañar el sistema digestivo y dar lugar a SIBO.

  • Síndrome del intestino irritable

  • Celiaquía

  • Enfermedad de Crohn

  • Diabetes 1 y 2

  • Medicamentos para regular la ansiedad

    En un consumo continuado y sin el seguimiento adecuado.

  • Algunas cirugías del intestino

Ahora bien… ¿las mujeres somos más propensas a padecer SIBO?

Desde un punto de vista hormonal, en principio no hay una relación directa probada. Sin embargo, Barrous nos señala que el cuerpo humano trabaja de una manera solidaria, por lo que es posible que, por ejemplo, si hay presencia de disruptores endocrinos, es más probable que las bacterias afloren y se dé ese sobrecrecimiento. Nuestros ovarios son vecinos del intestino, por lo que no puede extrañarnos que lo que pasa en unos tenga repercusión en el otro, y viceversa. 

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Por otra parte, de forma general (y sabemos que toda generalización tiene su excepción) las mujeres somos más propensas a sufrir estrés. Ya sabes: carga mental, la sensación de “tener que llegar a todo” y un largo etcétera. Un cóctel perfecto para que nuestro cuerpo se resienta.

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Diagnóstico y tratamiento: cómo afrontar el SIBO

Tener un diagnóstico claro de SIBO es fundamental para poder abordarlo de la manera adecuada. Barrous nos señala tres patas del posible tratamiento:

  1. Nutricional


    Si tenemos síntomas de SIBO y el correspondiente diagnóstico, el o la profesional de la salud que nos trate nos pautará una dieta especial para llevar durante un tiempo limitado en la que se elimine, sobre todo, la fibra fermentable. Además, hay algunas recomendaciones que, en general, son buenas para el correcto funcionamiento de nuestro sistema digestivo, como evitar los ultraprocesados, lavar bien los alimentos (incluidas las legumbres) antes de consumirlos o espaciar las comidas para que dé tiempo a hacer la digestión correctamente.

  2. Soluciones naturales o químicas pensados ad hoc


    Existen algunos remedios naturales con alta eficacia y un bajo impacto negativo en nuestro cuerpo, como, por ejemplo, el aceite de orégano o el aceite de menta.

  3. Abordar la parte emocional


    En Occidente no estamos muy acostumbradas a tratar los problemas de manera holística, pero, como hemos visto, este trastorno tiene una parte emocional y mental muy potente, por lo que el apoyo de una o un profesional de este campo suele ser muy importante. Además, podemos incluir en nuestro día a día hábitos como meditar, estar en contacto con animales o dar paseos en la naturaleza, “remedios” de gran ayuda para combatir el estrés y la ansiedad.

Como siempre decimos, tener puntualmente alguno de estos síntomas no significa que sí o sí tengamos SIBO. Es importante que, con las pruebas correspondientes, un equipo médico evalúe nuestro caso y nos dé unas indicaciones específicas. Cada cuerpo, un mundo: un mantra que no debemos olvidar.

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