¿Qué es el hambre emocional? Cuando comer es también una cuestión de ansiedad o recompensas

¿Y si nuestra relación tóxica es con la comida? El hambre emocional muchas veces esconde otras cuestiones, como ansiedad o estrés. Aprende a diferenciarlo del hambre real.

por Noelia

Editora de Bloom.

“Estoy triste, voy a comprarme una palmera de chocolate y así me animo”. “Hoy he trabajado mucho, toca pedir pizza, que me lo he ganado”. ¿Te suenan estas frases? Sí, amiga, a todas nos ha atacado alguna vez el hambre emocional. No queremos que te sientas culpable (¡ni mucho menos!), al contrario: queremos ayudarte a liberarte de la culpa por comer, entendiendo qué es el hambre emocional y cómo puedes superarlo.

Hambre emocional: aprendiendo a diferenciarlo del hambre real

Si bien en algún momento todas podemos sentir ese hambre emocional, este se convierte (como tantas otras cuestiones ligadas a nuestra salud física y mental) en un problema cuando se cronifica. Así pues, el hambre emocional en su versión más cruda es un trastorno alimenticio caracterizado por la necesidad imperiosa de comer mucho y sin control. A veces, es difícil decirle a nuestro estómago que ese cosquilleo que siente en realidad no es hambre física y que puede ser cualquier otro asunto (ansiedad, nerviosismo, estrés, aburrimiento, cansancio…). 

hambre emocional que es

Tener hambre es una situación fisiológica normal e incluso sana, digamos que es el aviso del cuerpo para que nos alimentemos. Pero el hambre emocional es el que está ahí a todas horas y que, si no lo gestionamos bien, puede derivar en un TCA.

Si ha pasado ya un tiempo desde la última vez que has comido, si la ración ha sido reducida o si se trata de un día en el que has consumido más energía de lo habitual, lo más normal es que se trate de hambre real. Pero si esa sensación es una constante para ti y nada te sacia, es posible que estés tratando de tapar un sentimiento o sensación perturbadora con la comida. Esto es precisamente lo que busca la alimentación emocional, esconder un problema u obtener una recompensa a través de los alimentos.

Tratamiento para el hambre emocional: cómo decirle ciao

Controlar el hambre emocional no es tan fácil como puede parecer. No se trata solo de pensar “no voy a dejarme llevar por mis impulsos”. ¡Ojalá fuese tan sencillo!

El primer paso sería tomar conciencia de que estamos comiendo por impulso y tratar de, en esa misma línea consciente, llevar una alimentación correcta y saludable. Identificar el problema o emoción que nos lleva a refugiarnos en la comida también es fundamental. Puede que no sepas hacerlo sola y que necesites el apoyo de un profesional de la salud mental para descubrir la raíz de tu hambre emocional, ¡no dudes en pedir ayuda!

Otra buena idea es comer despacio y masticar bien. De este modo, lograremos enviar a nuestro cerebro la señal de que el estómago ya está saciado y podremos controlar mejor el hambre emocional. En cualquier caso, para estar preparadas ante esos momentos impulsivos, nada como tener a mano snacks saludables, como fruta o frutos secos.

Si lo prefieres, también puedes apoyarte en un nutricionista, para que te ayude a configurar los menús acordes a tus necesidades y te dé tips personalizados para combatir tu hambre emocional.

Muchas veces, la mala relación con la comida la podemos resolver con ayuda de profesionales de la salud mental y la nutrición

Comer sin culpa: ¿y si nuestra relación tóxica es con la comida?

A veces podemos asaltar la nevera a deshoras y justo después sentirnos culpables. Otras, decidimos que merecemos una cena hipercalórica y, al día siguiente, encontrarnos fatal. Ambas cosas pueden llevarnos a tener una relación tóxica con la comida. ¿Acaso creías que las de pareja o de amistad eran las únicas?

Aprender a comer sin culpa es súper importante para alimentarnos y nutrirnos bien. Estos tips de nutrición para mujeres por edades te pueden ayudar a tener una mejor relación con la comida. 

hambre emocional y ansiedad

Hambre emocional y ansiedad, ¿otro dúo inseparable?

El hambre emocional y la psicología están estrechamente relacionadas. Una de las causas más habituales de esta relación poco saludable con la comida es la ansiedad: creemos (casi siempre de forma inconsciente) que podremos gestionar nuestros problemas si nos damos placer a través de la comida. Es decir, si tapamos un sentimiento negativo con un estímulo positivo momentáneo.

Esto es un error, pues los problemas y las emociones sin gestionar van a seguir ahí. Por eso, para atajar el hambre emocional, tenemos que acudir a la causa del problema, identificar la emoción que despierta esos impulsos y contar con ayuda externa si no podemos (o no sabemos) hacerle frente solas.

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