Diario emocional: cómo conocer tus emociones

En nuestro viaje hacia el autoconocimiento es fundamental identificar lo que sentimos y ponerle nombre. Y, para eso, nada como un diario en el que registrar cada día nuestros pensamientos y moods.

por Eva Gracia

Redactora de Bloom. Salud mental, lifestyle y feminismo.

¿Has oído hablar del diario de emociones? Es algo muy empleado en terapia, sobre todo al inicio del proceso, para que aprendamos a identificar nuestras sensaciones y les pongamos nombre.

¿Qué es un diario de emociones?

“No sé qué me pasa, me noto rarísima”. “Vivo como en una montaña rusa, de repente estoy súper feliz y luego, de bajón”. ¿Te sientes identificada con estos pensamientos? Nuestras emociones van y vienen, y no se trata de juzgarlas, sino de entenderlas. De saber qué causa ese sentimiento, cómo nos afectan y cómo podemos lidiar con ellas. Y, en ese camino, un diario emocional puede ser una herramienta de gran ayuda.

Pero no es necesario estar trabajando con una psicóloga para empezar nuestro propio diario emocional: nos será muy útil para trabajar nuestro autoconocimiento, nos ayudará a entendernos mejor e incluso contribuirá a mejorar nuestra autoestima.

diario de las emociones

Diario emocional: cómo crearlo y rellenarlo

La constancia será fundamental para que nuestro diario de las emociones resulte, de verdad, útil. Sabemos que todas vivimos con la agenda apretada y nos cuesta encontrar momentos para nosotras y para introducir nuevos hábitos en nuestra rutina. Pero el comienzo del año es el tiempo perfecto para incorporarlos y reforzar el compromiso con nosotras mismas.

Además, el ratito que dediquemos cada día a escribir nuestro diario emocional puede ser también nuestra dosis de autocuidado de la jornada. Nuestra vela favorita, una playlist que nos inspire, un té calentito y tiempo para reflexionar. ¿Eres más de mascarilla que de té? Este puede ser también tu mask moment: lo importante es crear el ambiente perfecto para pensar con calma y poniéndote a ti misma en el centro.

Papel, boli y cuatro columnas

Aunque vivamos pegadas al móvil, los expertos recomiendan que utilicemos papel y boli para nuestro diario emocional.

diario de las emociones

¿Por qué? Porque así eliminaremos las distracciones constantes de las notificaciones mientras estemos en ese momento introspectivo. Porque daremos un espacio especial a nuestras emociones y pensamientos (y podremos revisarlos cuando queremos). Y porque, a través de un elemento físico, también podremos dar rienda suelta a nuestra creatividad, acompañando las palabras con dibujos, esquemas, pegatinas o incluso fotografías.

Sí, ha llegado el momento de desempolvar ese bullet journal que compraste sin saber muy bien para qué lo usarías. ¿Por dónde empezar? Se recomienda que nuestro diario emocional cuente con cuatro columnas:

  • Situación. Para explicar lo que pasó. Una discusión con tu madre, un desencuentro con alguien del trabajo…
  • Pensamiento. Para reflejar lo que pasó por tu cabeza en ese momento. “Es que siempre estamos igual”, “qué desgana discutir constantemente”, etc.
  • Emoción. Para expresar cómo te sentiste: enfadada, disgustada, ansiosa, triste…
  • Conducta. Para indicar qué hiciste: “grité”, “salí a dar un paseo”, “cambié de sala”, etc.

Aunque estas son las cuatro columnas básicas, hay quienes recomiendan añadir dos más: sensaciones físicas (especialmente útil para personas con ansiedad o que tienden a somatizar sus emociones) y sugerencias -qué podría haber hecho, qué percibí a posteriori…-.

¿Cómo dar contenido a este diario de emociones?

pensamientos automaticos negativos

Lo ideal es, como decíamos antes, encontrar ese momento fijo del día. Puede ser por la noche (no necesariamente antes de ir a dormir, pues ponerte a reflexionar puede activar tu mente y llevarte al insomnio), cuando le quedan pocas horas a la jornada y, salvo que llegue un mensaje de una amiga que empiece por “tía, tía, tíaaaa”, pocas cosas estimulantes van a suceder.

Si tu memoria se aproxima a la de Dory, de Buscando a Nemo, puedes apoyarte en tu smartphone para registrar tus emociones y pensamientos durante el día y, por la noche, trasladarlas a tu cuaderno. Un grupo de WhatsApp contigo misma al que envíes audios y mensajes encriptados sobre lo que te ha movido emocionalmente hablando puede ser la copia de seguridad de tus pensamientos y sentimientos.

¿Qué hacer con ese registro de emociones?

Si acudes habitualmente a terapia, compartir ese registro con tu psicóloga o psicólogo será de ayuda en tu proceso. Pero también puedes emplearlo para conocerte mejor y detectar qué situaciones te activan -te ponen nerviosa, te dan ansiedad o te enfadan-, cómo reaccionas ante ellas o cuál quieres que sea tu actitud en el futuro.

pensamientos disfuncionales

Ser constante con nuestro diario emocional nos ayudará a tomar conciencia de cómo nos influyen las personas que tenemos cerca y de cómo nos hablamos a nosotras mismas (algo súper importante en el proceso de autocuidado).

¡Y no solo para lo negativo! En un diario de emociones debemos recoger también los sentimientos y pensamientos positivos. Esto nos ayudará, entre otras cosas, a mejorar nuestra autoestima. Y será un lugar seguro al que acudir cuando nos sintamos de bajón para salir reconfortadas.

Registro de pensamientos disfuncionales (RPD) en un diario emocional

Ya hablamos de los pensamientos automáticos o pensamientos disfuncionales en este artículo sobre la ansiedad. Podríamos definirlos como aquellos que aparecen de forma inesperada en nuestra mente, que son irracionales, que se centran en lo negativo y que, de algún modo, nos boicotean.

¿Un ejemplo? Antes de hacer un examen o una presentación, una vocecilla -con tono de malo de película, por supuesto-, asoma junto a tu oído y te dice: “Lo vas a hacer fatal”, “te vas a poner nerviosa”, “no estás preparada”, “se van a dar cuenta de que eres una impostora”.

Acabar con esos pensamientos automáticos es fun-da-men-tal para reducir la ansiedad y mejorar nuestra salud mental. Y un registro de pensamientos disfuncionales (RPD) será de gran ayuda: podremos identificarlos, desenmascararlos y decirles “hasta nunqui”. Solo por eso, merece la pena empezar nuestro diario emocional. Lo de ponerle candado o no es cosa tuya.

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