Impuesto tasa rosa: cómo afecta a tu bolsillo el hecho de ser mujer

Los productos específicos para la menstruación presentan en países como España el mismo IVA que una cena o un concierto. Pero el llamado “pink tax” va más allá. Te contamos en qué consiste.

por Eva Gracia

Redactora de Bloom. Salud mental, lifestyle y feminismo.

De un tiempo a esta parte, nos hemos familiarizado con muchos conceptos que nos ayudan a deconstruirnos, poner nombre a lo que sentimos o nos pasa y, por qué no, a cuestionarnos como mujeres el “orden establecido”. Uno de esos términos es la tasa rosa o “pink tax”. ¿En qué consiste? Spoiler: va mucho más allá de los impuestos aplicados sobre las compresas, tampones o copas menstruales.

Impuesto rosa, la manifestación más evidente de la tasa tampón

Aunque no es su única manifestación, los impuestos sí son la forma más evidente de la conocida como tasa rosa. En España, por ejemplo, el IVA (Impuesto al Valor Agregado) sobre las compresas, tampones o copas menstruales es actualmente del 10%, es decir, el mismo gravamen que se aplica a una cena o un concierto.

Esto estuvo a punto de cambiar con la nueva ley del aborto en España, si bien finalmente se quedó en la “to do list” del Gobierno de España, con la negociación de los próximos Presupuestos Generales del Estado como próxima cita para su revisión.

Dicha ley incluye otras propuestas como la obligación de los centros educativos de garantizar la disponibilidad de productos para la regla, acceso gratuito a ellos para las mujeres en riesgo de exclusión y para las que estén en prisión. ¡Ah! Y se contempla también la aprobación de una baja laboral de tres días a modo de permiso menstrual.

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Hace ya unos años que diversos colectivos de mujeres pusieron este tema sobre la mesa. ¿Por qué no tienen estos productos, que son de primera necesidad (se calcula que las mujeres menstruamos una media de cinco años de nuestra vida, si juntamos todos los días de regla) un IVA superreducido como el de los libros, los medicamentos o alimentos como el pan o la harina?

Poco a poco, se van dando pasos desde las entidades públicas en esa dirección, y era una de las propuestas del Gobierno para los Presupuestos Generales del Estado de 2019, que no salieron adelante.

En cambio, uno de los movimientos más recientes es la propuesta por parte de Antonia Morillas, directora de Instituto de las Mujeres desde mayo de 2021, de desarrollar una “tasa morada”. Esta reforma fiscal supondría la reducción del IVA de los productos para la regla, los preservativos y pañales (infantiles y de adultos) al 5%.

¿Cuál es la tasa rosa en otros países?

La de minimizar la carga impositiva de artículos para la menstruación es una tendencia al alza en muchos países. ¿Quiénes han dicho adiós a la tasa rosa o el pink tax? En Canadá se suprimió el impuesto al tampón en 2015, Colombia lo hizo en 2018 y Australia, en 2019.

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En la Unión Europea, la apuesta generalizada es reducir ese porcentaje: en Alemania, a comienzos de 2020, se bajó del 19% al 7%; en Reino Unido se aplica un 4%; en Irlanda del Norte, un 0,5% y en Francia, un 5,5%.

Mención especial merecen los países que van más allá: en 2020, el Parlamento escocés aprobó que estos productos de higiene femenina no solo no lleven impuestos, sino que sean totalmente gratuitos y se distribuyan en centros públicos como farmacias o clubes juveniles. ¡Punto para Escocia!

#womantax: de las cuchillas de depilar a las colonias

Pero, como te avanzábamos al principio de este artículo, la tasa rosa o “pink tax” va más allá del IVA que pagamos en los productos para la regla: muchos artículos son más caros en su versión femenina que en la masculina. Y no hablamos de impuestos como tal, simplemente tienen un precio mayor por el hecho de ir envueltos en un packaging rosa o de llevar el apellido “para mujeres” (vaya o no impreso en el envoltorio).

Sí, como lo lees. Y abundan los ejemplos, aunque el de las cuchillas de depilar es el más conocido y llamativo. Según un estudio elaborado por Facua en 2018, este producto (idéntico en prestaciones y funcionalidad) llegaba a ser hasta un 171% más caro en su versión femenina.

Algo parecido ocurre con los perfumes. En el mismo 2018, Idealo, un comparador de precios, detectó que el 74% de las fragancias eran más caras si en el paquete se indicaba que eran femeninas (la segregación de los aromas por género es una cuestión que bien merece un artículo específico).

La lista de productos continúa: desodorantes, cremas depilatorias, champús, calzado o incluso juguetes elevan su precio cuando están dirigidos a las mujeres, lo que nos lleva a plantearnos el porqué de esta discriminación en clave económica.

Otro de los artículos en los que pagamos ese controvertido 10% de impuestos son los anticonceptivos como el condón masculino o femenino. Aunque bien es cierto que en este caso no es un impuesto discriminatorio entre hombres y mujeres, grava algo tan importante como la protección frente a las ITS y los embarazos no deseados.

¿Por qué existe el impuesto o tasa rosa?

Hay quienes achacan esa diferencia de precios a una cuestión de perspectiva de género (los legisladores, tradicionalmente personas no menstruantes, no se han parado a pensar en las compresas y tampones como un artículo de primera necesidad).

Pero la mayoría de los expertos y expertas apuntan a una razón de marketing. Y es que los fundamentos clásicos de esta disciplina señalan que las mujeres valoramos más el color de un producto o su personalización y estamos predispuestas a pagar más por ellos solo por esos motivos, sin que tengan unas prestaciones extra. ¿Hora de actualizar esos “mandamientos”? Efectivamente.

¿Cuánto nos cuesta el “pink tax”?

La pregunta del millón es cuánto supone para nuestra economía la llamada tasa rosa. Los estudios elaborados hasta la fecha se centran en los artículos de higiene femenina y no incluyen esa diferencia que pagamos por el simple hecho de que en nuestros productos ponga “para mujeres”.

Aun así, esa cifra nos puede servir como punto de partida: según un informe del Instituto de la Mujer, pasamos unos 1872 días de la vida con la regla, lo que se traduce en un gasto medio de 7000 euros en compresas, tampones, etc.

Si a eso sumamos el sobrecoste de desodorantes, champús, anticonceptivos o cepillos de dientes y agregamos la brecha salarial… sobran los motivos para demandar el fin del “pink tax”.

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