Ana Obregón, madre a los 68 (por gestación subrogada): ¿cuáles son las implicaciones de llevarte siete décadas con tu hijo?

En cuestiones de maternidad y crianza, la edad sí que importa y mucho. ¿Qué implicaciones tiene para la madre y para el bebé ser madre a una edad avanzada?

marzo 30, 2023 por Isabel Sauras

Redactora de Bloom especializada en salud femenina, cultura y estilo de vida. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

La noticia de que Ana Obregón ha sido madre por gestación subrogada no ha dejado indiferente a nadie. La archifamosa actriz y presentadora española viajó a Miami y este miércoles salía en todas las portadas de la prensa sentada en una silla de ruedas con su hija en brazos, sirviendo el debate sobre los vientres de alquiler en bandeja de plata. 

La cuestión es que la gestación subrogada es una práctica ilegal en España, pero no en otros países, y cualquier persona que cuente con los medios económicos suficientes puede ser padre o madre de esta forma y después viajar a España e inscribir a su bebé como hijo suyo, lo que demuestra que la legislación española en este ámbito tiene serias fugas.  

Más allá del debate sobre la gestación subrogada, que daría para mucho, en Bloom hemos querido ahondar en el hecho de que una mujer sea madre a los 68 años. ¿Qué implicaciones tiene la maternidad a punto de cumplir siete décadas? Hemos hablado con la psicóloga Silvia Laporta para que nos ayude a entender un poco mejor el asunto desde el punto de vista emocional. 

maternidad a los 68

Ser madre más allá de los ¿40? ¿50? ¿60?

No es común, pero el de Ana Obregón no es el primer caso de maternidad rozando los 70. Cuando una mujer decide ser madre a una edad tan avanzada, se sobreentiende que ha tomado la decisión de forma concienzuda, analizando minuciosamente las implicaciones que tendrá para ella, para el bebé y para todo su entorno traer un hijo al mundo (mediante el método que sea) en estas condiciones. 

Como nos explica Silvia Laporta, la clave está en analizar de qué punto parte la madre para tomar esa decisión. “No es lo mismo afrontar la crianza desde la ilusión de ser madre que desde la necesidad de suplir un duelo por un hijo fallecido, como podría ocurrir en este caso. La posición en la que se coloca una madre para criar influye directamente en la relación entre madre e hijo, en el apego y en la formación emocional del niño. Es fundamental asumir que cada hijo y cada relación madre-hijo será distinta y no siempre cumplirá con las expectativas previstas, porque, de lo contrario, es cuando surgen situaciones de frustración complicadas de manejar”, expone.

Cada caso es muy particular, porque las condiciones de salud y físicas de muchas mujeres que han entrado ya en la década de los 70 pueden ser excelente, pero evidentemente el ciclo vital no se puede obviar. Y, para una madre mayor que ha entrado en la fase de senectud, la vitalidad desciende y también hay un deterioro cognitivo y sensorial que se manifiesta en mayor o menor medida y que va a condicionar completamente la crianza.  

En el otro extremo de la balanza se coloca el hecho de que la maternidad madura cuenta con una ventaja muy poderosa frente a una madre joven, que es la experiencia y la sabiduría que aportan los años. “La experiencia, la seguridad, la sabiduría y el autoconocimiento de una mujer de edad avanzada son una herramienta muy valiosa para la crianza que permite tomar decisiones y soluciones a los problemas desde la calma”, explica la psicóloga. 

Respecto a las consecuencias emocionales que atañen al hijo, Silvia Laporta explica que no se puede generalizar en este aspecto, porque depende mucho de las circunstancias personales de cada familia y de cómo se manejen los conflictos en cada caso, independientemente de que la madre tenga o no pareja. Pero, a nivel general, estas serían las implicaciones emocionales para el niño: 

  1. Apego

    La falta de energía vital suele implicar que se recurra a terceras personas para el cuidado del niño y eso hace que la madre no esté, a veces, lo suficientemente presente en la vida cotidiana. Por otro lado, una diferencia de edad muy amplia podría traducirse en un vínculo complicado o en una relación demasiado protectora por parte de la madre.

  2. Comparaciones

    El descuelgue generacional con el resto de padres del entorno es inevitable. Es normal que cuando el niño sea consciente de que su madre es mucho más mayor que el resto de sus iguales se generen comparaciones.

  3. Ausencia demasiado prematura

    Por motivos evidentes, los hijos de madres mayores están condenados a perder a su madre antes de lo común, con todas sus consecuencias.

Ana obregon maternidad subrrogada

¿Cómo afrontar la maternidad a una edad inusual?

Para Silvia Laporta, lo más importante cuando se da una situación así (esta pregunta se la pueden hacer padres y madres que sobrepasen los 40) es contar con las herramientas necesarias para afrontarla, tanto a nivel práctico, si hablamos del aspecto del cuidado de los niños y de un ciclo vital desacompasado, como en el aspecto más emocional de la crianza. 

Lo fundamental es que el niño entienda desde el principio sus propias circunstancias, que comprenda por qué su madre (o sus padres) decidieron tenerlo a una edad avanzada y cuál es su realidad presente y cómo será la futura. “Es muy importante que a ese niño se le vaya preparando poco a poco y se le den las herramientas para entender la situación y no sentirse distinto y también para afrontar una ausencia prematura de la madre o los padres”, sostiene. 

Que tanto la madre como el hijo cuenten con una potente red personal que esté presente y dispuesta a prestar su apoyo es un requisito fundamental para asumir la maternidad a una edad avanzada. No solo en el día a día, sino pensando en la futura ausencia de la madre, porque, si el niño no tiene otras figuras de referencia más allá de la madre, será más complicado que viva el duelo desde la serenidad y que las secuelas emocionales no sean inasumibles en el futuro. 

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