Educación sexual, la gran asignatura pendiente en la escuela y en casa: tres generaciones nos cuentan su experiencia

Todas coinciden en su testimonio: “Habría deseado tener más información”. Analizamos los avances en educación sexual y todo lo que queda por hacer, ¿nos acompañas?

por Eva Gracia

Redactora de Bloom. Salud mental, lifestyle y feminismo.

El Observatorio Bloom sobre ITS en mujeres en España lo dejó claro: nuestra educación sexual es deficitaria. De acuerdo, es una generalización y, como en todas las generalizaciones, siempre habrá excepciones. Quizá tú eres una de las afortunadas que pudo charlar abiertamente y en profundidad con su familia y en su colegio sobre sexualidad (al más puro estilo Sex Education), pero, en ese caso, considérate una rara avis.

Lo de haber hablado de menos sobre educación sexual es importante y tiene una consecuencia directa en nuestra salud sexual. ¿Un ejemplo? Según la Encuesta Nacional de Salud Sexual realizada por el CIS en 2008, alrededor de un 28,5% de las mujeres no había utilizado ningún tipo de protección en su primera relación sexual, y ese porcentaje aumentaba cuanto mayor era su edad.

Una educación sexual precaria significa desinformación y, entre otras cosas, como un menor autoconocimiento, implica una baja percepción del riesgo que entrañan las ITS. ¿Sabías que el VPH, una infección de transmisión sexual, es una de las principales causas del cáncer de cérvix? Ahí va otro ejemplo.

Esa deficitaria educación sexual no es solo cosa de millennials, sino que es una cuestión intergeneracional. Lo hemos comprobado charlando con mujeres de distintas edades que coinciden en su testimonio: “Habría deseado tener más información”. ¿Estamos a tiempo de cambiar las cosas? Las generaciones venideras lo merecen, ¡manos a la obra!

Las típicas charlas en el instituto… y poco recuerdo de su contenido

“Lo único que recuerdo fueron unas charlas que nos dieron en 2º y 4º de ESO. Vinieron un par de días al colegio y eso fue todo. Nos hablaron sobre el uso del preservativo y hubo alguna mención a las ETS, poco más. ¡Ah! Y visitamos un centro de planificación familiar, aunque lo cierto es que no tengo claro qué nos contaron ahí… parece ser que no me caló mucho”. Quien habla es Elena, de 25 años.

Pese a haber recibido unas pinceladas informativas sobre educación sexual -algo que mujeres de otras generaciones ni habrían imaginado- reconoce que, en casa, no se habló “prácticamente nada” de sexualidad.

¿Qué le faltó a su educación sexual? “Para empezar, que se abordara el tema con naturalidad y no como algo tabú. También, que se hablara sin meter miedo, por ejemplo, con el tema de las ETS: más desde una perspectiva informativa que haciendo sentir culpa o temor. Y, por supuesto, que se trataran cuestiones como el consentimiento”, expone, poniendo sobre la mesa uno de los topics de actualidad.

Beatriz, de 36 años, es maestra y mamá de una niña de 20 meses. Como en el caso de Elena, y aunque las separan 11 años, su educación sexual se limitó a unas charlas en Secundaria de las que apenas recuerda el contenido, más allá de las menciones al preservativo. “En casa tampoco lo hablábamos, supongo que tanto por mi parte como por la de mis padres era un tema incómodo y se evitaban ese tipo de conversaciones”, analiza. Su visión es clara al señalar los puntos flacos de su formación en sexualidad:

“Le faltaron muchas cosas, como la normalidad a la hora de hablar del tema, desidealizar el sexo y verlo como algo más de nuestras vidas, hablar de diversidad sexual, eliminar estereotipos creados por la industria del porno o no esperar a la adolescencia para abordar la educación sexual”.

Como profesora, considera que “en educación sigue habiendo mucho por hacer”. “Como tema específico se trata todavía a partir de Secundaria, aunque creo que sí se ha avanzado en el sentido de que se aborda con mucha más naturalidad desde edades tempranas, comenzando por el conocimiento de su propio cuerpo o en cuestiones como diversidad sexual y familiar, disfrute o ‘desculpabilización’”, continúa.

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Y, como madre, ¿qué educación sexual espera que tenga su hija? “Me gustaría que ella no tuviera miedo a hablar con nosotros, sus padres, de todo esto. Que no tenga el reparo que yo tuve en preguntar dudas, y eso se construye desde muy pequeños. Por ejemplo, cuando le cambio el pañal le enseño que sus genitales solo los puede tocar ella, con un lenguaje compresible y del que ella es partícipe”.

“Por supuesto, tanto como maestra como madre, mi objetivo es enseñarle que respete la diversidad sexual, que elija libremente y que no juzgue a los demás por su orientación sexual. También creo que es importante desmitificar el sexo, enseñarle que tiene que ser cuando ella quiera y con quien quiera, si es que quiere. Que los límites los pone ella”, concluye.

Un tema tabú y las amigas como círculo de confianza

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La suerte de esa pequeña de 20 meses, que podrá hablar con su familia sin sentir vergüenza o miedo sobre una parte más de nuestra salud femenina, como es el sexo, ni siquiera la soñaron las mujeres que rebasan los 50. Ellas no hablaban de sexualidad en entornos públicos como el colegio, pero tampoco en la intimidad del núcleo familiar.

Otra intimidad, la de las amigas (amigas que estaban en la misma situación) funcionó como círculo de confianza en muchos de esos casos. “En mi generación fuimos aprendiendo con la vida, según crecíamos y experimentábamos, y según hablábamos con las amigas”, cuenta María José, de 61 años, quien también nos relató su experiencia conviviendo con VPH.

“Había mucha ignorancia y no tuve ningún tipo de educación sexual ni en casa ni en el colegio”.

De no mentar siquiera el tema de la sexualidad a visitar un centro de planificación familiar hay una buena distancia, pero la insatisfacción de tres generaciones con su educación sexual denota que hay todavía mucho por hacer. ¿Cuál es el camino?

La educación sexual de una sexóloga

“Es un tema que en mi casa no se habló, pero tampoco se condenó. En el instituto tuve la típica charla sobre el preservativo, no quedarse embarazada y el SIDA, que es donde entonces estaba el foco. Para ser el año 1995, tuve suerte: que alguien viniese a clase y te contase todo eso… sí, era suerte”. Al habla Laura Cámara, sexóloga y colaboradora de Bloom (¡no te pierdas sus directos!), que en este caso también nos cuenta su experiencia personal.

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“En la facultad de Enfermería también había mucha falta de información, nadie me habló del clítoris, por ejemplo, todo estaba muy enfocado a lo reproductivo”

Laura Cámara, enfermera, matrona y sexóloga
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Ella, que también ha ejercido como educadora sexual, analiza así la situación en España: “Los profesores no suelen tener formación, por lo que se recurre a profesionales externos que acuden puntualmente. Quizá eso cambie con la nueva ley, pero, por ahora, la calidad de la educación sexual reside en la voluntad del centro”.

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¿Qué temas se abordan actualmente en las aulas? ¿Todo continúa como cuando Elena, Beatriz o la propia Laura iban al colegio? “Ya no solo se va a contar el tema del preservativo. Eso y las ITS se dan por hecho: ahora hay que hablar de consentimiento, relaciones tóxicas, placer… El problema es que todo está politizándose mucho, no se ve desde un prisma educativo”, sostiene.

“Hay mucha ignorancia en torno a los métodos educativos: por supuesto que en 1º de Primaria no se habla de homofobia, sino de familias diversas. Es importante adaptar el contenido a la capacidad de cada edad”, continúa.

En una suerte de carta de los deseos, ¿qué educación sexual pediría para el futuro una sexóloga? “Lo ideal sería que, en la comunidad educativa, tanto en la escuela como en la familia, hubiese más formación para abordar el tema de forma transversal, para hacerlo de forma progresiva y desde pequeños. En edades tempranas se puede charlar de cuestiones indirectas que después conectan cuando se habla, como tal, de educación sexual en la adolescencia”.

Más formación en todos los frentes, un abordaje más temprano y abrir el foco a cuestiones como el placer o la diversidad sexual: los deseos de las distintas generaciones y los de una educadora sexual coinciden. ¿Un buen presagio? ¡Crucemos dedos!

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