Conviviendo con ITS: 7 mujeres nos cuentan su experiencia

Más allá de las cifras, es importante dar visibilidad a las historias de quienes han sido diagnosticadas de VPH, clamidia, gonorrea o VIH. Hablamos con 7 bloomers sobre sus vivencias

por Eva Gracia

Redactora de Bloom. Salud mental, lifestyle y feminismo.

Las ITS o infecciones de transmisión sexual son una de esas cosas que nos pillan lejos… hasta que nos tocan de cerca. Porque muchas nos familiarizamos con ellas en el momento en que una amiga, nuestra hermana o nuestra madre nos cuenta, no sin cierto pudor, su diagnóstico. Y entonces aprendemos más sobre esa sopa de siglas, del VPH al VHS o el VIH, que, pensamos, deberíamos haber conocido antes.

Con el propósito de divulgar sobre las infecciones de transmisión sexual a las que estamos expuestas y de aportar una perspectiva de género e inclusiva, hemos desarrollado el Observatorio Bloom sobre ITS en mujeres en España. De él hemos concluido que las ITS se incrementaron un 1.073 % entre 2012 y 2019 o que las mujeres más jóvenes son las que más casos reportan.

Pero, más allá de las cifras, detrás de esos números hay historias de mujeres que conviven o han convivido con las infecciones y enfermedades de transmisión sexual. Nombres y apellidos que representan las vivencias de muchas y a los que, igual que a los datos objetivos, también queremos dar visibilidad. ¡Dentro testimonios ITS!

Conviviendo con VPH, la ITS más conocida

Decir modas en ITS sería quedarnos en la superficie de un tema con mucho fondo. Pero lo cierto es que, si hablamos de enfermedades de transmisión sexual e infecciones, la del VPH o virus del papiloma humano es la que más conocemos y más nos suena.

Quizá sea porque, a las chicas nacidas a partir de finales de los 90, se les vacunó contra este virus. O, también, porque -y pese a que no es una ITS de declaración obligatoria- tiene una prevalencia del 14,3% en las mujeres en España. ¿Qué significa esto? Que contraerlo es de lo más común.

A Noelia Naval, de 32 años, el VPH le generó unos síntomas muy concretos. “Tenía el flujo raro, las reglas me dolían muchísimo y cada vez más”, cuenta en su entrevista para el Observatorio Bloom. Tras interponer una reclamación (inicialmente, su gine se opuso a realizarle una citología pese a sus síntomas, pues la anterior se la habían hecho menos de dos años antes), el resultado de su prueba fue concluyente. “Tienes precáncer”, le dijo su doctora.

Su lesión de alto grado en el cérvix, fase previa al cáncer de cuello uterino, estaba causada por el VPH y, en el estadio inicial de su diagnóstico, Noelia echó de menos “más tacto, sensibilidad e información sobre las fases del proceso”.

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Una cuestión intergeneracional

Las ITS en general y el VPH en particular afectan a mujeres de todas las generaciones. Un ejemplo es María José Sus, de 61 años, que acaba de pasar por una operación en la que le extirparon el útero, los ovarios y las trompas de Falopio.

Esta intervención ha sido la fase final de un proceso que ha durado cinco años: en 2017, en una citología rutinaria y sin síntomas, la diagnosticaron con VPH. Tras pasar por dos procesos de conización (extirpar una parte del útero) y pese a que María José se vacunó conocer su infección, la recomendación médica fue la extirpación total.

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“Dicen que no tienes efectos secundarios tras la operación, pero en mi caso no es cierto: yo nunca, ni en la menopausia, había tenido sofocos, pero ahora la ausencia de ovarios se me manifiesta así”, explica a Bloom.

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Si hablamos de ITS no podemos obviar el estigma social que las rodea y que María José vivió en primera persona. “Tras el primer diagnóstico, lo trasladé a las parejas sexuales que había tenido y su reacción fue: ‘Pero si yo solo he estado con mujeres normales’. ‘Entonces, ¿cómo me ves a mí?’, les respondí yo. Parece que contraer una infección así sea cosa de personas dejadas o sucias, cuando todas estamos expuestas”, reflexiona.

La importancia de la prevención

Como no nos cansamos de repetir en Bloom, la clave para protegerse de las ITS son los anticonceptivos de barrera. Pero, en el caso del VPH, la extensión de la vacunación es otra de las claves.

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“En nuestra generación no se le dio mucha importancia, quizá porque nuestros padres creían que era una vacuna muy nueva. Pero, cuando te encuentras con alguna lesión, te arrepientes de no habértela puesto antes y decides hacerlo entonces, aunque esté recomendado vacunarse antes de tener relaciones”, nos cuenta Alba Perales, MIR de cirugía plástica de 29 años.

Ella optó, hace un año, por vacunarse contra el VPH. “En una citología de rutina me salió una lesión intraepitelial de bajo grado. La Seguridad Social recomienda la vacuna en el protocolo, pero esta solo cubría ciertos serotipos. La ginecóloga me sugirió que me pusiera yo la más amplia, la que cubre todos, aunque me la tuviese que costear, y eso es lo que hice”.

Pero Alba no se vacunó sola, lo hizo junto a su pareja, Ernesto, también médico. “Él, como otorrino que es, ha visto muchos cánceres de papiloma en la garganta. A través del sexo oral, el virus también pasa de los genitales a la garganta. Ellos no van a tener cáncer de cérvix, pero, además de que pueden transmitir el VPH, pueden sufrir cáncer de garganta”, detalla.

Fue una conversación natural y con total predisposición por su parte, incluso surgió de él ponérsela”, continúa Alba. Esto, bloomers, es toda una green flag.

Testimonio de VHS o herpes genital

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A muchas de nosotras las siglas VHS nos remiten a las cintas de vídeo de nuestra infancia. Pero también son las letras que identifican al herpes genital, otra ITS que no es de declaración obligatoria, pese a su extensión: según los datos del Observatorio Bloom, en 2021 se diagnosticaron 22.206 casos.

Lucía F. G. lo pasó hace cuatro años, aunque inicialmente no sospechó que sus síntomas correspondieran a una ITS. “Pensaba que tenían que ver con una patología que tengo, que se llama bartolinitis, que es cuando ciertas glándulas en la vagina se llenan de fluido y hay que drenarlas”, explica en su entrevista para el Observatorio.

“La primera sensación era como de una infección de orina que se agrava”, detalla. Cuando no mejoró y optó por acudir a Urgencias, Lucía sintió poca claridad en el diagnóstico por parte del especialista. “Me dijo que era herpes vaginal, pero dio muchos rodeos, tratando de explicar que era una ITS, pero como si fuera una cosa muy delicada”, recuerda. “Me sentí juzgada porque, cuando se va de puntillas alrededor de algo, piensas que está mal. Tratándose de una patología debería haber sido más transparente”, opina.

Conviviendo con clamidia, una de las ITS más comunes entre mujeres

Como avanza nuestro estudio, la clamidia es una de las ITS más común entre las mujeres: en España, entre 2015 y 2019, los casos se incrementaron un 480%. Elena, de 24 años, fue diagnosticada a las pocas semanas de contraerla, en unas pruebas que se realizó después de que su pareja le comunicase su infección.

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En consulta médica, su experiencia fue positiva. “La gine me pidió examen de todo y en ningún momento tuvo un tono moralista o reprobador”, cuenta. Ella se sintió informada y acompañada: “Me explicaron bien qué pruebas me harían, para qué servía cada cosa y me dieron cita para explicarme los resultados y el tratamiento”. Puedes conocer su historia (y la de otras mujeres) al completo en nuestro informe.

Testimonio de gonorrea, ITS al alza entre mujeres

Junto a la clamidia, la gonorrea es la ITS que más creció en España entre 2015 y 2019; en su caso, un 729%. A Ángela, de 25 años, su cuerpo le envió señales de que algo no iba bien. “Noté cambios en mi flujo vaginal, que se volvió amarillo verdoso. Después vi que estaba expulsando sangre durante la micción y eso me preocupó aún más porque era consciente de que había mantenido relaciones sexuales de riesgo, es decir, sin protección, y empecé a temer lo peor”, explica en su entrevista para el Observatorio Bloom.

“Lo primero que sentí fue miedo, por el desconocimiento de lo que podía pasarme y las consecuencias que podía tener. Sentí vergüenza, pero lo peor fue la culpa, el sentirme una inconsciente y una irresponsable”

Las prácticas de riesgo, como el sexo sin protección, son una de las causas del aumento de los casos de ITS en los últimos años: once again, el preservativo femenino o masculino debe ser nuestro imprescindible para mantener relaciones seguras.

Diagnóstico de VIH: conviviendo también con el estigma

Si mencionábamos el estigma al hablar del VPH, este se multiplica cuando el diagnóstico es de VIH. Irene A. Cicallo recibió la noticia en plena crisis del Covid-19, cuando su pareja también era seropositiva pero, antes, nadie le había informado de que podía contraer VIH: “Ni en mi ginecólogo ni en ningún sitio había escuchado hablar del VIH. Siendo lesbiana puedes contraer ITS como hepatitis, gonorrea o sífilis, pero no hay información dirigida a las mujeres”, detalla.

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Tras el diagnóstico, empezó su tratamiento y lo mantuvo en secreto durante un año, si bien después de solo un mes siguiéndolo ya era indetectable. Desde entonces, muchas cosas han cambiado en su día a día, tanto en lo físico (desarrolló artritis tras la infección) como en lo social.

“Hay una gran serofobia entre mujeres lesbianas y queer. Pasé de ser sexualmente activa a tener dos parejas sexuales en un año. Toda esa serofobia viene de la falta de información, porque si eres indetectable no lo puedes transmitir”, concluye.

Prevención e información, como nos demuestran todas estas historias que puedes leer al completo en el Observatorio Bloom, son las claves para hacer frente a las ITS. ¿Aprendemos juntas?

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